Shak Zapata
Hace 7 meses
Todo comienza con una cálida recepción de la host y todo el equipo que precedió una increíble experiencia. Probé el menú de degustación con vinos (acompañaron a la perfección) y hace tiempo no me sorprendía así. Los platos provocan a prácticamente todos los sentidos, visualmente son atractivos y cumplen en cada bocado con intensidad de sabores y complejidad que mantienen curioso al paladar. Resultó un recorrido por México a través de distintos ingredientes y recetas. El mole blanco merece esa fama, la langosta y el tartar de kampachi estaban perfectos. Mención especial a los postres, que en lo particular me hacen sentir niño de nuevo descubriendo sabores y texturas. Finalmente la hospitalidad está a la altura de su cocina, ¡felicidades!