Sergio Serrano Ruiz
Hace 2 meses
Sensación general: agridulce.
La propuesta gastronómica es interesante y la calidad del producto es incuestionable: cada bocado está cuidado y el sabor es muy bueno. Sin embargo, las raciones son extremadamente pequeñas (adjunto fotos), y la experiencia global no justifica el precio del menú Festival (95 € por persona).
Al llegar, la presentación es muy cuidada, te explican el concepto del restaurante y nos ofrecieron probar una nueva ginebra que “combinaba muy bien con los bocados”. En ningún momento se nos informó de que eso tenía un coste extra (6 € por un vaso tipo chupito). Este tipo de detalles deberían indicarse desde el principio, igual que se hizo con la gamba roja fuera de menú, que sí avisaron.
El servicio comenzó de forma excelente, pero se notó una tensión incómoda cuando una mesa (a nombre “Olga”) llegó tarde. Escuchar frases como “a machete con esta mesa” por parte del personal desluce bastante la experiencia, y rompe con el ambiente que uno espera en un restaurante de este nivel.
En resumen: es la primera vez que visitamos un restaurante de alta cocina y salimos con hambre. No pongo en duda la calidad del producto, pero la experiencia completa no estuvo a la altura del precio ni de nuestras expectativas. Por nuestra parte, no lo recomendaríamos.