Aure Saiz
Hace 7 meses
De principio a fin, esta ha sido una experiencia inolvidable.
El menú degustación es un recorrido impecable por productos de calidad y técnicas cuidadas.
Los buñuelos de bacalao fueron un arranque espectacular, ligeros y con el dulzor sutil de la miel de caña. El carpaccio de cigalitas, en homenaje a El Bulli, fue pura delicadeza y sabor. Las anchoas con coca hojaldrada y aguacate ofrecían un equilibrio perfecto de texturas y frescura, mientras que los mejillones en salpicón de encurtidos al Jerez añadían un toque vibrante y sofisticado.
La gamba de Roses a la brasa era pura excelencia, pero el verdadero protagonista fue el rodaballo, cocinado a la parrilla con una salsa que realzaba su sabor y un profundo aroma ahumado que envolvía cada bocado. Una auténtica maravilla.
Los postres fueron el broche perfecto, especialmente la torre de profiteroles con toffee, que puso el toque dulce sin resultar excesivo. Acompañado de un servicio impecable y atento a cada necesidad y Andrea, la sumiller, guiándonos con cariño, simpatía y maestría en cada elección de vino, esta ha sido una cena que difícilmente se olvida. Sin duda, un lugar al que hay que volver.